¿Qué tan legal es vender fanfiction?
Empezamos con una pregunta fuerte, porque es de hecho un tema del que se ha hablado demasiado en la comunidad de fanfickers y artistas durante varios años.
Para empezar, quiero tocar el tema del antecedente de la venta de fanmerchandise que se da más comúnmente, que es el doujinshi y el fanart. Normalmente pensamos en esta clase de cosas con la idea de que es lo mismo. Y en teoría lo es, por lo cual nos vemos atraídos a comprar doujins, stickers y cosas de nuestros personajes y ships favoritas, pero el problema es que no terminamos de entender el por qué estas cosas se venden.
Doujinshi: Promoción gratuita y la hipocresía japonesa
Los doujins, créanlo o no, también son ilegales en Japón. La diferencia es que allá, la industria del manga y anime se ha dado cuenta de dos cosas muy importantes. Que de los autores de dj puede provenir talento nuevo, como el caso de Shoco y su serie original Phantom Busters; y que los doujins, fan arts y novelas ligeras son publicidad gratis.
De hecho, se dice entre lenguas que muchas de las grandes producciones de manga han sobrevivido y ganado popularidad cuando las fujoshis toman interés en el producto, ya que empiezan a hacer doujins y arte sobre los personajes, lo cual lleva al consumo desmedido del producto y hasta la globalización del mismo. O sea, más ingresos.
Es curioso que se tome esta postura con respecto al arte de fans en tierras orientales, puesto que recientemente hace pocos meses hubo un enorme debate sobre la piratería del anime y manga, que llevó a destapar una cara xenófoba de los consumidores y creadores japoneses (de lo cual escribiré en otra entrada), y de lo que puedo recordar principalmente fue un tweet de un consumidor japonés señalando esto:
La piratería está mal, pero hacen la vista gorda cuando se trata de doujinshis.
Y no, con esto no me refiero a que el consumo y la distribución de dicho material debiera ser sancionado, sino que quiero enfatizar específicamente al modelo que Japón suele utilizar para esta clase de trabajos que son las convenciones. Es muy conocida la convención Comiket, una convención semestral que se centra en la venta de mangas, juegos, música y novelas ligeras del tipo doujin (en el que se engloban todos los trabajos amateur, sean originales o del tipo fan art y fan fic), la cual ha estado en operaciones desde 1975.
A partir de la existencia de Comiket y de que han aparecido miles y miles de doujinshis, novelas ligeras, juegos y demás utilizando personajes con copyright, se utiliza el vacío legal que tienen las parodias (o 二次創作 Niji Sousaku) para poder seguir publicando, además de tener espacios específicamente curados para tal actividad. Esto, sin mencionar que en Japón las empresas tienen la creencia de que perseguir legalmente este tipo de publicaciones es dejar de tener una imagen amigable, y los consumidores probablemente dejen de pagar como represalias.
En resumen, la razón por la que se puede comercializar un doujinshi, música amateur y demás en Japón, es porque a la industria no le interesa demasiado el perseguir a estos autores, al contrario, les conviene pues del fanatismo que un buen doujin o novela puede generar, hay más consumo del producto original y el arte en sí sirve de semillero para nuevos talentos. Sin embargo, en occidente la cosa no es tan positiva.
Occidente, EUA y el amor por el dinero
Algo que sucede de este lado del charco, es que las empresas adoran demandar. Naturalmente odian la piratería, pues ¿cómo te atreves a consumir gratis de la empresa multimillonaria? Sin embargo, en cuanto a derechos de autor, las empresas americanas y de cualquier otro país occidental no son tan laxas ni amigables como Japón, que permite a las personas que hagan bajo la excusa de parodiar historias más interesantes con los personajes que les pertenecen a dichas empresas.
Digamos que soy un estudiante de cine y animación, y para un proyecto decido hacer un cortometraje basado en Batman, porque es mi súper héroe favorito. Empiezo entonces la grabación e incluso recibo algunas donaciones para hacerlo posible con los mejores recursos, y el proyecto empieza a tomar forma. Es cuando DC se entera de alguna forma de lo que estoy haciendo, y repentinamente a mi correo me llega una carta de Cesa y Desista, donde se me advierte que, de seguir con éste proyecto, pueden llegar a demandarme.
En 1980, el ahora director Hideaki Anno realizó de esta manera un corto estudiantil de parodia basado en Ultraman, ya que es muy fan de dicho personaje. Actualmente, este corto es muy reconocido y se puede encontrar fácilmente en internet. Sin embargo, cuando lo traducimos a una situación en occidente, las cosas cambian mucho.
Se ha sabido de varios proyectos de fan, no solamente de DC sino también Marvel y otras empresas, que se han visto detenidas, convertidas en lost media y demás casos debido a demandas precisamente de las casas productoras de los personajes utilizados, ya que consideran que al hacer estos proyectos se violan las leyes de derechos de autor. Algo muy entendible pues de este lado del mundo, comprendemos que el generar dinero usando un producto de terceros es una violación a sus derechos de autor. Sin embargo, este entendimiento también y por desgracia va de la mano en lo que se refiere a proyectos escolares que no tienen como fin el lucro.
Sonaré medio tonta al usar esto de ejemplo, pero en el libro Fangirl de Rainbow Rowell, hay de hecho un ejemplo bastante puntual. En uno de los capítulos, el personaje de Cath decide presentar un fanfiction de Simon Snow como trabajo de clase, a lo cual su profesora le llama la atención, diciendo que ha cometido plagio.
Usualmente se puede entender como violar los derechos de autor el utilizar personajes, universos, historias y demás que no te pertenecen para hacer un producto diferente. En el ámbito de la literatura, tenemos como ejemplo a Anne Rice, quien no temía en enviar cartas de Cesa y Desista a cualquiera que utilizara sus personajes para hacer historias diferentes. Otros tantos autores no les interesa, pero a las grandes empresas por supuesto que les importa. Por lo cual, a empresas como Warner, DC, Marvel, Disney entre otras, no les temblará la mano para demandar a cualquiera que se lucre o incluso haga uso indebido de sus productos.
Así que, en resumen, vender tanto fanfictions como fanarts es considerado ilegal y no debería hacerse. Sin embargo, estarás al tanto como yo que existen eventos como la Hatsukoi, BLCon, Yume, entre MUCHAS OTRAS TANTAS donde es común ver que se venden stickers, libros de arte, pósters, etiquetas, postales y demás de dibujos de ships de productos conocidos.
Entonces, ¿cuál es el problema con el fanfiction?
Realmente... no debería haberlo. En eventos como los mencionados, siendo que ya se vende material de fanmerchandise, no debería haber un problema real con respecto a los fanfictions forjados como libros. Sin embargo, se tiene por alguna razón muy estigmatizado el vender fanfictions y se ve mal, comparado con vender fan arts. ¿La razón?
Tiempo atrás, y seguramente ninguna persona de la nueva generación se ha de enterar ya, los escritores de fanfiction debíamos escribir un disclaimer, o un descargo de responsabilidad donde se notificaba que el fanfic en cuestión estaba escrito con motivos de parodia y entretenimiento, y que por ello no tenía intenciones de monetización bajo ninguna circunstancia. Se hacía esto porque, como se mencionó arriba, muchos autores y casas productoras podrían aprovecharse y demandar por derechos de autor no solamente al autor del fanfic en cuestión sino al sitio completo. Para evitar esto, una protección semi legal que se tenía era colocar un disclaimer donde se reconocía la no autoría de los personajes o mundos, y se descartaba cualquier posibilidad de generar dinero con ello.
Dicho esto, es de esperarse que la gente que solamente consume los fanfictions crea que los escritores no tenemos pretenciones monetarias de ningún tipo. Vamos, "escribir por amor al arte", como dijeran algunos. Sin embargo, considero en lo personal un poco injusto que se desestime el poder generar una ganancia de la misma manera que los dibujantes y diseñadores.
En la Hatsukoi descubrí de hecho una gran variedad de productos, no solamente los ya usuales prints, sino también camisas, ropa, bolsos y demás cosas. En cuanto a artículos literarios, vi muchos autores originales de LGBT, lo cual es muy hermoso, sin embargo al momento de buscar autores de fanfics que vendan sus trabajos, la cantidad siempre fue cero.
Yo incluso en alguna ocasión llegué a escribir, autopublicar y vender algunos fanfictions, puedo asegurar que hay gente que sí le interesa el tener esta clase de cosas, más si tienes algo como arte exclusivo o una muy bonita pasta. Esta discusión sinceramente es larga como el tiempo, y muy probablemente en muchos años venideros siga existiendo. Lo que te puedo recomendar es que hagas como autor o autora de fanfiction una base de fans, y luego para convenciones hagas colectivo con otras personas para poder vender en físico. Lo que no te recomiendo es subir estos libros a Amazon, ya que es más fácil así que te encuentren el material y te lo bajen, pero definitivamente no tiene pierde el poder vender fanfiction en físico si lo quieres intentar.

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